← Back to portfolio
Published on

El choque de la vida: cuidar también duele

Hay un momento en la vida en el que uno entiende algo incómodo: actuar de buena fe no siempre evita el daño. A veces, incluso, lo provoca. Crecemos con la idea de que proteger es amar. Que cuidar es quedarse. Que evitar el dolor del otro es una forma de ser buena persona. Y avanzamos así, siguiendo el instinto, sobreviviendo a la rutina, cargando decisiones que creemos correctas solo porque nacen desde un lugar honesto. Caminamos convencidos de que, si nuestras intenciones son limpias, el resultado también debería serlo. Pero no siempre funciona así.

El choque aparece cuando descubrimos que, por más que intentemos hacer lo correcto, alguien puede salir herido. Y ahí empieza la pregunta incómoda: ¿por qué queremos actuar de buena fe? ¿Es por los valores con los que crecimos? ¿Es por la religión? ¿Será por esa idea de que todo se devuelve? ¿O por el ego silencioso de sentir que hicimos lo correcto y así no cargar con la culpa? Las respuestas pueden ser todas al mismo tiempo: sí. Y tal vez ahí no está el problema. El problema nace cuando creemos que nuestras buenas acciones tienen el poder de evitar el dolor. Como si pudiéramos corregir la ecuación de la vida, como si siempre existiera una manera de resarcir cada decisión tomada. Pero el juego de las emociones no funciona así. El dolor existe. Las heridas crecen. Y a veces, lo que pensamos que protege, termina lastimando aún más.

Nos quedamos en situaciones por miedo a herir. Callamos por miedo a romper. Seguimos ahí porque sentimos que retirarnos sería fallar, abandonar, ser crueles. Y sin darnos cuenta, ese intento de proteger empieza a convertirse en otra forma de daño. No hay una solución perfecta para esto. No existe una forma de atravesar la vida sin lastimar a alguien en algún momento. Pero sí existen pequeñas decisiones más honestas: reconocer que quedarse ya no protege a nadie, que el silencio pesa más que la verdad y que el miedo a hacer daño termina haciéndolo más grande.

Hace poco hablaba con una amiga y entendíamos que amar no es ser el salvador de la vida de nadie. Que cuidar no siempre es quedarse. Que proteger, a veces, es decir la verdad a tiempo. Y no desde la idea fácil de ‘si te quiero te dejo’, sino desde un lugar más difícil: asumir que permanecer por miedo a una vida con alguien, a una rutina ya establecida y a momentos que solo se disfrutan con esa persona, puede ser una forma silenciosa de herir y alargar el dolor.

Al final, el acto más honesto no siempre es el que evita el dolor inmediato, sino el que impide que ese dolor crezca en la sombra.

0 Comments Add a Comment?

Add a comment
You can use markdown for links, quotes, bold, italics and lists. View a guide to Markdown
This site is protected by reCAPTCHA and the Google Privacy Policy and Terms of Service apply. You will need to verify your email to approve this comment. All comments are subject to moderation.